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CONÓCETE A TI MISMO

CONÓCETE A TI MISMO

En el frontispicio del templo de la diosa de Grecia, la diosa de la sabiduría, PALAS ATENEA, había una frase (claro que en griego): CONÓCETE A TI MISMO.

Eso también pensaban Aristóteles y los otros sabios. Sabían bien que la verdadera sabiduría, la sabiduría de la vida, es eso. Y también sabían que si no partimos de ahí, no podemos tener conocimiento cierto de los demás, por más técnicas que usemos.

Hoy la gente es muy egocéntrica: se admira y se sobreprotege. De modo que nunca llegará a saber quién en verdad es.

Asombra el porcentaje de suicidios, esterilización, abortos, eutanasia, es decir, de miedo a la vida, que hay en los países más ricos. Y en lo que se funda su deterioro lento pero seguro.

Es que la gente no se ama. Porque no se conoce. ¿Cómo vas a amar lo que no conoces? Hay que empezar por mirar, ver, admitir. Y sí, desde allí se pueden pegar saltos.

Una fórmula: atrévete, pregunta a otros qué piensan de ti; y luego cállate, y mírate. No siempre sabrán verte. Pero algo te dirán. Y si no te gusta…, es porque te duele.

Conócete. Ámate, Y mira más allá. 

Eres especial. No hay nadie como tú. Contempla con amor ese tesoro. Pero sin sobreprotección ni engaños. Y siempre sé exigente contigo, pídete ser más.

¿Y qué más hago? Pasa esa primer etapa. Y luego…

Primero: acepta lo que te estoy diciendo.

Y luego:

Sonríe siempre, a todos, te entiendan o no. El asunto es tuyo. Obsérvate hasta dónde llegas con la sonrisa, a pesar de las diferentes respuestas. Este ejercicio te ayudará a ver tu realidad. Parece muy simple, pero ya verás que no lo es.

Otra: da gracias durante todo el día, todas las veces que puedas. También esto te ayudará a analizarte. Si eres como crees… o si tienes alguna debilidad y deberás rescatar.

Y distiéndete para dormir. Física y mentalmente. Respira hondo. Y fíjate luego en el resultado: ¿piensas mucho en ti, o estás por sobre todo?

La introspección es un ejercicio diario. Que tiene algo de aventura. Y que hace superior a la gente. Es también una aventura propia, que no podemos ceder. Alguien te puede ayudar; pero hasta allí llega.

 

Por Osvaldo Cuadro Moreno
Escritor, conferencista internacional y especialista en familia y autoayuda.

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