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DETENTE A PENSAR ANTES DE TERMINAR EL AÑO

DETENTE A PENSAR ANTES DE TERMINAR EL AÑO

Se termina un año más y es preciso tomarnos un tiempo para evaluar nuestros aciertos y desaciertos; de este último hablamos en este artículo.

Hay dos formas para reconocer nuestras fallas: la primera es reconocer las más importes que hemos cometido en nuestra vida pasada; la segunda, es ir también reconociéndolas a medida que vamos diariamente recayendo en ellas.

Cuando hablamos aquí de fallas, entendemos las voluntarias, es decir, esas que se realizaron a conciencia, con completa deliberación y voluntad; se sabía lo que se hacía.

Las faltas que hemos cometido en nuestras vidas nos pesan. Y nos pesarán siempre. Nos traen cansancio, angustia, menoscabo, inseguridad, agobio, vejez. Hay que sacarlas de encima. De un tirón. Directamente aceptar ante nosotros mismos que hemos  actuado mal; y hacerlo sin subterfugios, vacilaciones, falsas excusas.

Mientras más rápido hagamos la operación, más rápido será el alivio.

Luego, en todo lo posible, debemos pedir perdón a quien hicimos mal. Sin miedo, lo entienda o nos crea locos porque lo hacemos.

¿Tú quieres ser libre, sentirte bien, que entre luz a tu vida? Pues, entonces, no vaciles, no te atormentes, no te sientas cobarde. Estás haciendo nada más que eso que tu naturaleza más honda te exige; y jamás tendrás paz total si no lo haces.

Compra la felicidad; cómprala con valor; cómprala con coraje; cómprala con decisión; cómprala con tu fe. No se la puede comprar con dinero. Solo se la puede comprar con la moneda que se llama valentía, fuerza.

Y además, en la medida de tus posibilidades, repara eso que has deshecho. Si has obrado mal con un hermano tuyo, empieza a obrar bien; repara. Si has robado, trata de reintegrar. Si has mentido, vuelve  y di la verdad. Repara; en la medida de tus posibilidades, con tacto y con sabiduría, sé generoso en la reparación. Y pondrás cimientos fuertes para tus acciones futuras.

¿Por qué no reconocer nuestras faltas? ¿Somos acaso ángeles, o seres celestiales, o perfectos?, ¿por qué no reconocer que es propio de nosotros que hayamos fallado, que hayamos obrado mal, que en nosotros hay algo malo que hay que extirpar?

Reconocer nuestros errores, arrepentirnos de ellos, y en lo posible pedir perdón o reparar, trae algunos particulares e inestimables beneficios. Lo que no entiendas, por favor, acéptalo. Yo no te he visto el rostro, no sé aún, cómo te llamas, no quiero ganar nada contigo; no saco ningún beneficio de decirte esto. Tú no me has ofendido; al contrario, me eres grato porque somos dos compañeros haciendo el mismo camino. Si te lo digo, es porque es la verdad; y porque lo he visto centenares y centenares de veces. En este momento, pienso sólo en tu bien. Por tu bien, créeme.

Entre los beneficios que te quiero mencionar están estos:

  • Se eliminan tensiones interiores. Estas tensiones suelen producir insomnio, dolor de cabeza, úlcera, taquicardia.
  • Se rejuvenece.
  • Entra cierta paz y se facilita el camino a la alegría.
  • Aumenta la fortaleza y la confianza en uno mismo.
  • Se empieza a comprender mejor a los demás.
  • Se es más manso en el trato y menos duro con los otros.
  • Es un paso hacia el amor; un paso muy grande.

¿Te parecen poco esos beneficios? Uno solo bastaría para que hiciéramos cualquier sacrificio y tomáramos cualquier determinación.

¿Sabes qué te quiero decir ahora? Simplemente esto: Hazlo.

 

Osvaldo Cuadro Moreno

Escritor, conferencista internacional y especialista en familia y autoayuda.

Libro: Puedo ser feliz

 

 

 

 

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