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VULGARIZACIÓN DEL LENGUAJE

VULGARIZACIÓN DEL LENGUAJE

Partamos de la definición del leguaje: es la capacidad propia del ser humano para expresar sus pensamientos y sentimientos que se da a través de signos para comunicarse de manera oral o escrita.

A la hora de abordar las relaciones entre pensamiento y lenguaje, caben estos tres planteamientos según Arregui y Choza, en el libro Filosofía del Hombre:

El lenguaje como mera expresión del pensamiento, como determinante del pensamiento y como vehículo del pensamiento. […] El pensamiento se forjaría en la intimidad de la persona al margen del lenguaje y, después, en un segundo momento, sería expresado por medio de un código lingüístico. De este modo, el lenguaje no sería más que la expresión o la nomenclatura externa del pensamiento. [1]

En efecto, lo que expresamos a través del lenguaje son los pensamientos y podemos afirmar que la calidad del lenguaje está relacionada directamente con la calidad del pensamiento que cada persona desarrolle. Por lo tanto, cuanto más cultivemos y eduquemos el pensamiento, el lenguaje será de calidad. Un lenguaje pobre es reflejo de un pensamiento pobre y a su vez este es el reflejo de una insuficiencia de vida interior. Un pensamiento cultivado necesita del soporte de un lenguaje alto en calorías expresivas.

La lengua es espejo de la sociedad, somos lo que hablamos, cómo hablamos, cómo escribimos; esto es reflejo de cómo pensamos, y esto a su vez, es el reflejo de cómo está nuestra vida interior. En consecuencia, un lenguaje pobre revela estructuras de pensamiento pobres carentes de versatilidad y sutileza, aunque la sociedad no es consciente de ello y deja que el lenguaje se deteriore, se menoscabe.

Porque el conocimiento es elástico igual que el lenguaje, si no lo forzamos, si no hacemos ejercicio continuamente nuestra capacidad expresiva se va atrofiando. Pero lo peor de todo es que no somos conscientes de ello y no prestamos atención a la riqueza que supone el lenguaje. Para ello, es preciso que disminuyamos –por no decir, eliminemos –, el tiempo que pasamos frente al televisor, a las redes sociales, que no nos facilitan en absoluto educar el pensamiento y menos el lenguaje. Es de vital importancia abrazar el hábito de la lectura, acompañadas por tiempos de reflexión y contemplación, aunque en este tiempo suene a utopía.

Desafortunadamente nos encontramos con una realidad punzante sobre la vulgarización del lenguaje, producto de una civilización que ha ido cambiando en desmedro de la cultura y del pensamiento. Hemos ido desarrollando un pensamiento light, poco crítico, superficial; que no es soporte de expresión a plenitud de lo que se quiere trasmitir o de lo que realmente se contempla. Este hecho se comprueba a menudo, sobre todo en la  comunicación que tienen los jóvenes de hoy, cuando conversan con sus semejantes y cómo se comunican a través de sus escritos en los correos electrónicos, en las redes sociales, en los mensajes de texto y en los mensajes por whatsApp. En estos mensajes hacen uso de abreviaciones y recortan las palabras, que hacen que la expresión llegue a ser  frívolo o, simplón, y que no sean expresiones que denoten elaboraciones complejas y que sean resultado de una reflexión que necesite el soporte de un léxico florido o nutrido, sino por el contrario, sus mensajes son frases cortas, en gran parte es a través de signos, de eslóganes,  que expresan sentimientos momentáneos sin mucha meditación. Esto es el signo de nuestro tiempo, el lenguaje ha mutado profundamente al compás de la vulgarización que ha impuesto la sociedad de masas, que rechaza cualquier selección o práctica del estilo.

Ya lo advertía Ortega y Gaset en el siglo pasado en su libro La rebelión de las masas:

Es una lengua sin luz ni temperatura, sin evidencia y sin calor de alma, una lengua triste que avanza a tientas. Los vocablos parecen viejas monedas de cobre, mugrientas y sin rotundidad, como hartas de rodar por tabernas mediterráneas. ¡Qué vidas evacuadas de sí mismas, desoladas, condenadas a eterna oscuridad, se adivinan tras este seco artefacto lingüístico! [2]

El fenómeno de la decadencia del lenguaje es ya una realidad que muy pocos intelectuales pueden rebatir. Claro está, como señala acertadamente Ortega, que semejante desfallecimiento precede a otro de mayor relevancia: la decadencia espiritual de toda una cultura.

Una de las conclusiones a las que llegaron los académicos de la lengua reunidos en la 64ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se celebró en Madrid, fue que: «los medios de comunicación que más daño le infligen al idioma español son la televisión y la radio, que cada día reducen la cantidad de palabras y vulgarizan o desvirtúan las acepciones que cada una de ellas corresponde».

Los mass medias como la TV y la Radio, son los que están más cerca de la gente, estos  tienden a trasmitir mensajes basados en  fórmulas preestablecidas, en base a eslóganes, estereotipos y clichés, provocando en sus receptores un lenguaje cada vez más pobre y mecánico. Y por consecuencia, este es el lenguaje con el que se comunica la sociedad de hoy.

[1] ARREGUI & CHOZA. Filosofía del Hombre. Una antropología de la intimidad. Madrid: Ediciones Rial, 2002, p. 268.

[2] ORTEGA y GASET,  José. La Rebelión de las Masas. México DF: Editorial Andrés Bello, 1996, p. 14.

 

Elodia Quiroz Bravo

Homini

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